miércoles, febrero 04, 2009

Política 3.0

Queridos amigos y amigas.
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Al decir la palabra Internet y mirar por el espejo retrovisor de nuestra memoria, nos vendrá a la mente otra palabra, información. Eran los tiempos de la web 1.0 donde colectivamente descubrimos la importancia de disponer de un lugar donde colgar nuestra información y hacerla accesible de manera universal. Se hablaba, y mucho, del volumen de páginas colgadas en la red y si estaban en español o en inglés, por la dificultad añadida del idioma. Pero esa visión de Internet hoy puede rayar con el romanticismo de la veneración del instrumento por su importancia más que por la nosotros podíamos alcanzar dentro de él. El Internet de masas, era un crío pequeño que comenzaba a crecer.

Y ya de adolescente se convirtió en la web 2.0, aquella en la que las personas tenían a su disposición herramientas colaborativas, propias como lo fue la primera versión de la OVAC de febrero de 2005, o las creadas por desarrolladores privados y puestas al servicio público al permitir su utilización de manera gratuita. Desarrolladores privados cuyas fortunas crecieron más rápido que ellos mismos. Hoy para muchas personas, más de 24.000.000 millones en España, decir Google, YouTube, Flickr, Facebook, MySpace, Tuenti, Twitter es como referirnos a nuestros propios amigos por su nombre. Forman parte de nuestra vida, pues libremente decidimos incorporarlos a nuestra tarea diaria. La profesional o la de ocio. Y he aquí que descubrimos que la web pasó de ser simple información, a convertirse en comunicación bidireccional.
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En los últimos años en España al albor del Plan Avanza que ahora va a ser reeditado en su segunda versión, nos hemos dotado de infraestructuras básicas como la banda ancha que ya está disponible incluso en la mayoría de las zonas rurales del país, se han realizado políticas de inclusión y de ruptura de la brecha digital para facilitar el tránsito a Internet de la mayor parte de la población española. Con carácter general, hoy el usuario medio de Internet poco tiene que ver con el de hace sólo unos pocos años. Todos estamos más formados y hacemos un mejor uso de Internet. Y aunque la red es el espacio privilegiado de todos los jóvenes de nuestro país, los primeros nativos de Internet, no es menos cierto que han aterrizado millones de ciudadanos de todos los segmentos de edad, los inmigrantes digitales de mayor o menor facilidad de adaptación. Internet hoy no es cosa de jóvenes, sino también de profesionales, e incluso personas mayores que quieren hacer su cursito de Internet.
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Y he aquí cuando nos surgen las preguntas de, ¿Qué espacios debo usar?, ¿Cómo consigo que tengan relevancia?, ¿Cómo encontrar a las personas con las que me relaciono?, o ¿Cómo se me puede encontrar a mí?, ¿Cómo soy visible y accesible para los demás?
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¿Qué estamos demandando con eso?
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Disponer de una IDENTIDAD DIGITAL tan nítida como la que tenemos habitualmente en nuestro mundo no virtual.
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Y ese debe ser el verdadero salto a la web 3.0 y no la web semántica u otros novios que ya se le buscan a la red. La web 3.0 debe ser la del individuo como ser. Un hombre, una mujer un voto en democracia, cada uno con su propia identidad digital en la que baste con escribir su nombre en un buscador para encontrar buena parte de su mundo en la red. Que cuando nos hagamos tarjetas de visita no tengamos que pensar si ponernos la dirección de la web, del blog o la de la red social, que sólo sea necesario entrar en Google y escribir nuestro nombre.

La web 3.0, la política 3.0, la OVAC 3.0, debe ser sinónimo de relación personal, donde el político concentre toda su gestión y capacidad de relación con la ciudadanía en una única herramienta. Un parlamentario que legisla debe tener su gestión al alcance de la gente para que pueda fiscalizar su trabajo, pero también para poder aportarle ideas, propuestas o quejas. Las personas que nos dedicamos a lo público, nos convertimos también en interlocutores con la ciudadanía a la que debemos dar respuestas y resolver inquietudes. Y esa debe ser la razón de ser de la existencia en cada parlamentario de una Oficina Virtual de Atención a la Ciudadanía.

La política 3.0 debe permitir al político comunicar utilizando las posibilidades que hoy dan las bitácoras, el audio o el vídeo con YouTube, para evitar que su voz llegue con interferencias. Cada uno es responsable de lo que dice en esos espacios, así que siempre digo que todo lo que escribo o cuento es lo mismo que en cualquier momento pueda mantener frente a un juez. Eso sí, la comunicación en Internet es bidireccional y tiene un carácter respetuoso pero horizontal, así que otra de nuestras misiones será volver a ganarnos la “autoritas social” en la red. Con humildad pero con decisión y valentía.

Y cuando se dice que la política está alejada de la calle, lo cual nunca he creído que sea cierto, porque los políticos somos un reflejo de la sociedad a la que representamos, personas iguales con responsabilidades diferentes pero igual de importantes, que mejor que conectarse a una red social, o varias. Facebook o Tuenti nos permiten conectar con la gente, estar siempre disponibles para sus preguntas, escuchar sus problemas o su visión de las cosas.

Y todo esto es lo que resuelve la OVAC 3.0, la identidad, porque permite entrar por un único punto de acceso a todo tu mundo en internet, y por tanto basta con utilizar en un buscador tu nombre, la accesibilidad para que siempre estés disponible para todo el mundo, la capacidad de informar, la comunicación bidireccional, el desarrollo transparente de tu gestión para que los ciudadanos puedan fiscalizarla en cualquier momento. La persona, que es lo verdaderamente importante, también en internet.

Luis Salvador
Portavoz socialista de la Comisión de Ciencia e Innovación del Senado

1 comentario:

Juan Holgado dijo...

Estimado Luis,
estando de acuerdo contigo, creo que aún y dada mi experiencia en ámbitos de internet y politica, estamos lejos de los que nos gobiernan sepan aún que es la web 1.0 y que el miedo a la crítica les permita hacer algo.
Para la politica 3.0, lo primero que hay que ser es "OPEN", es decir abierto a lo bueno y a las críticas (que no siempre hay que verlas como negativas).